martes, 28 de septiembre de 2021

HOMENAJE A MARUJA VIEIRA

 

POEMAS DE MARUJA VIEIRA



Campanario de lluvia    

Te buscaba en la sombra. Lentamente surgía
tu mirada lejana, leve flor de horizontes.
Era clara, serena....Con amor la sentía
transitar el camino de mis ojos insomnes.

No fue un eco ni un sueño. Fue la brisa en al árbol
que me trajo tu acento con perfume de savia
y creció por mis venas y se fue deslizando
con temblor de caricias al llegar a mis manos.

Nada más....en la torre desgranó la campana
un rosario de tiempo claro, fino y distante.
Como niebla de aroma se quedó entre mis labios
la dulzura imposible de una frase: te amo.

 

 

Clave mínima

Déjame tu recuerdo, el de esta hora.
No importa que te vayas.
Déjame este recuerdo
de la última hora del alba.

Estaba azul el monte esa mañana
azul. Eras hermoso
y yo te amaba.

 

 

Como el partir de un barco

 

“Es el recuerdo, padre,

de tu clara agonía”

Carlos Augusto León

 

Ya todo está más claro.

Como la tierra después de la lluvia

son los ojos después de las lágrimas.

El viento hace cantar una vez más los árboles;

pero en la madrugada tienen distinta voz

las antiguas campanas.

Partió un barco.

El ancla la levaron las manos más amadas.

Era un mar transparente, rumbo y ola,

donde flotaba un suave rostro pálido

y una playa del tiempo que se quedaba atrás

con nuestro llanto.

Que se quedaba con nuestro silencio,

con nuestra música olvidada y quieta,

con los libros cerrados, con los cuartos vacíos,

con esta soledad que nos asalta

cuando despierta el día sobre lechos intactos.

Las horas vuelven otra vez, iguales.

Todavía hay caminos con rosales y pájaros,

los niños ríen en la calle

y los viejos martillos clavan maderas nuevas.

La muerte en nuestra casa cumplió su fiel palabra.

Todo fue tan sencillo como el partir de un barco.

 

 

Cuando cierro los ojos

Cuando cierro los ojos vienes

del país de la muerte.

Llegas

a la orilla del río del tiempo.

El agua nos aparta siempre.

No hay puentes.

Me miras desde lejos y sonríes.

Despierto.

¡Cómo tarda en llegar el barquero!

 

 

Dirección desconocida

El sobre dice:

“A Maruja Vieira, poeta”.

Habrá que devolverlo

con un letrero grande que diga:

dirección desconocida.

Entre un reloj y un calendario

muere crucificada la poesía.

 

 

El arpa

Dos manos esculpen el aire.

Cantinela de lluvia lejana,

tempestad de sol en los árboles.

Distantes del tiempo, caminan

en la torre los viejos cuadrantes.

Las dos manos esculpen y tallan

la emoción, el recuerdo, el paisaje.

Sube un mar invisible y rodea

lentamente las islas del alma.

Y después sólo queda la música,

prisionera de luz en el arpa.

A Nicanor Zabaleta

 

 

Exilio

Mi patria eran tus manos,
tu mirada,
el suave temblor de tus labios.

Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.

No tengo nada.

Veinte años de exilio,
amor mío,
veinte años sin patria.

 

 

Los desplazados

Llegaron cantando y sembraron

en el cemento árido.

Celebraron los ritos del amor

y del respeto a las semillas.

A cada una

de las parcelas que inventaron

le pusieron el nombre

que dejaron atrás, en el campo.

Ahora fue así.¿Y mañana,

cuando sepan que no los vieron,

que no los escucharon,

que los olvidaron?

Mañana….

Bogotá, Plaza de Bolívar, 27 de julio de 2007

 

 

LOS 85
A Ana Mercedes Vivas
A los 85 estamos descaradamente vivos.
Se supone que los que nos aman
deben saber que caminar ya no es la alegría de antes
a menos que sea al sol y sobre la hierba.
Se supone que deben saber
que nuestras noches son demasiado largas,
porque tenemos que acostarnos muy temprano
y hay muchas cosas a las que ya no podemos ir
porque nos cansamos.
Pero seguimos descaradamente vivos
y no son nuestros ojos,
es la luz la que se debilita cuando queremos leer
y no son nuestros oídos,
es la voz de los otros la que ya no tiene sonidos.
Son las calles las que se han vuelto
demasiado largas y las escaleras demasiado altas.
Pero seguimos descaradamente vivos
y algunos afortunados tenemos
una ventana por donde entra el sol de la tarde
y una voz muy amada que nos llama.
Mitú,  1 de noviembre 1998

 

 

Poema con chachafruto

“Estos cielos azules

y este sol de la infancia”.

(Antonio Machado)

Un sabor de la infancia…

Un jardín y el color de un geranio.

Un rostro de mujer… (era bella mi madre)

Más allá de la niebla la ciudad increíble

se aferra a la montaña.

Todo está aquí, en este fruto verde

y brillante.

Todo estaba guardado, intacto…

Entonces, ¿a qué vienen

estas traviesas lágrimas?

 

 

Poema del amanecer

Es la hora de las campanas,
cuando se cierran los abismos.

Con la luz de la madrugada
vuelven al mundo los caminos.

Vuelve el murmullo de los árboles,
el silencio de las espigas.

Vuelven las manos lentamente,
hacia las páginas del libro.

Vuelve la realidad perfecta
de tu presencia sin olvido.

 

 

Raíz eterna

Tú eres más que un rostro,
más que un hermoso cuerpo.

Eres aquel murmullo del río entre la lluvia,
aquella forma vaga del monte tras la niebla.

Profundamente asidos al trémulo paisaje
del sitio de la vida donde habita el recuerdo.

Tú eres más que un nombre.
Más que un paso en la tierra.

Te cerca un bosque denso, de misteriosos árboles.
con pájaros errantes y canciones sin término.

Te guarda entre sus ramas de música, te encierra
lejos de la ceniza destructora del tiempo.

En ti el amor humano, de raíces eternas,
me ha entregado su clave profunda y verdadera.

 

 

Todo lo que era mío

Todo lo que era mío.

La clara voz del padre y el eco de sus pasos

despertando la infancia.

Las manos de la madre

con su cálido estigma de ternura

sobre la tinta fresca de las cartas.

El rostro del hermano,

ya copiado en el hijo con ríos y cometas

y una lámpara nueva junto a la vieja lámpara.

Mis libros, mi silencio,

la armonía brumosa de las calles,

el parque con su yerba de domingo,

la puerta musical de Santa Eulalia.

La mano conocida, la palabra prevista,

la quietud del encuentro

con lluvia en los cristales.

Simple, sencillo, tierno,

todo lo que era mío se me quedó tan lejos!

 

 

Tus cartas

Sólo tengo tus cartas,

pero tener tus cartas es dulce en esta niebla.

Es como andar contigo por las calles y decirte:

Este parque me vio jugar de niña.

Esta casa fue nuestra.

Tus cartas solamente, no tus manos,

ni el color de tus ojos, ni tu frente.

Pero con qué alegría te estoy diciendo ahora

que mi ciudad es clara de azaleas

y alta y llena de nubes y de torres

y que te amo en ella.

 

 

Despedida

He comenzado

a despedirme.

Es una larga,

lenta y luminosa despedida,

como la del sol sobre el mar.